Mis más fuertes intenciones eran salir de la sala del cine y comenzar a hablar pestes de la misma. Luego de una larga insistencia de mis sobrinos para ver esta película, finalmente accedí ante la premisa de que si habíamos visto la primera teníamos que ver la segunda. Bueno, este argumento - fácilmente rebatible - finalmente me convenció (repito luego de varios días tratando de huir de este compromiso) y fuimos al cine. Al llegar las entradas estaban agotadas y tuvimos que esperar a la siguiente función; otra razón para lanzar improperios sobre este producto netamente comercial.Pero, ¿saben qué?. No puedo hablar mal de esta pelicula. En verdad, no puedo. Debo decir que la primera parte me agradó bastante, pero no al extremo de esperar la secuela (de hecho me sorprendió saber que le habian dado luz verde al proyecto). Pero, claro, luego de que la primera película recaudará más de 200 millones de taquilla sólo en los EEUU y más de 300 en el resto del mundo, entendí la realización del filme.
Pero, a pesar de las cifras y los bolsillos llenos del hijo del creador Ross Badgasarian (cuyo nombre artístico era David Seville), la película me entretuvo y me hizo reír junto a mi sobrino más pequeño quien se reía con todas sus fuerzas, el más grande se reía pero de forma más contenida. La historia no es original, hermanos que discuten y pelean para luego reencontrarse y volver a ser unidos. Pero con el añadido de las Chippettes, la contraparte femenina de Alvin y su grupo más la selección de las canciones, la película es un producto concebido para el mero escapismo, sin más profundidad que la de pasar un buen rato familiar.
La película no engrosará la lista de las mejores del 7mo arte, pero es un producto entretenido que disfrutan por igual niños y adultos. Para un domingo familiar es adecuada, pero no miren más allá; no es Miyazaki, ni cualquier clásico animado de Disney. Es simplemente Alvin, Simón Y Teodoro, no más.
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